La artista mendocina explora su fascinación por el agua y sus cambiantes imágenes, ofreciendo al público una pausa para conectar con la belleza y la inspiración.

La artista mendocina Patricia Robello nos invita a sumergirnos en un universo de quietud y dinamismo con su exposición “Reflejos“, que se exhibe en el prestigioso Hotel Hilton, bajo la promoción de Salas de Arte Libertad de la Municipalidad de Guaymallén. En esta muestra, Patricia explora su fascinación por los reflejos acuáticos, una temática que la acompaña desde la infancia y que considera una ventana a “otro mundo”.
Patricia, reconocida paisajista, confiesa que el agua es un elemento recurrente en sus obras. “Los reflejos acuáticos me intrigan. Pongo agua en mis paisajes para captar todo ese mundo que genera”, explica. Para la artista, los reflejos no son meras réplicas, sino entidades vivas que cambian minuto a minuto, segundo a segundo, influenciados por las estaciones, la luz del día o el movimiento. Esta mutabilidad es lo que busca plasmar en sus lienzos.


La capacidad de ver ese “otro mundo” en sus pinturas, según Robelo, reside en la sensibilidad de cada persona. Recordando las enseñanzas de su maestro Orlando Pardo, la artista sugiere entrecerrar los ojos para captar la esencia; una técnica que, curiosamente, también aplica a la hora de invertir la obra para verla desde otra perspectiva. Su formación con maestros como Pardo y Ángel Gil ha moldeado su pincelada, siempre respetando su estilo propio. La pasión por el paisajismo y el urbanismo se filtra en cada obra, eligiendo la naturaleza como su principal escenario. “Todo en mí está relacionado. Por eso pinto paisajes, uso mucho las líneas curvas y el agua”, afirma.


Para Patricia, el arte y su muestra son una oportunidad para que el público se conecte con la belleza y la ensoñación en un mundo saturado de información negativa. Es una invitación a ver algo que no se ve todos los días, algo intangible, un respiro que eleva el espíritu. “Es la belleza del mundo que nos rodea”, concluye, citando a Ángel Gil, y resumiendo la esencia de “Reflejos”: una oda a lo que nos rodea y a lo que reside en nuestro interior.
